Muerte, autoestima y el fin de una era

Son varios los estudios que a nivel psicológico y antropológico han demostrado que a menor autoestima, mayor percepción de la muerte como amenaza y como consecuencia de ello el individuo tiende a comportarse de manera más beligerante, intransigente y amenazadora para sus semejantes.

Si a esto le sumamos varios estudios sobre "la teoría de gestión del terror" en los que se trata de averiguar las conductas del ser humano ante el reconocimiento básico de su propia muerte, a una le da por pensar y mucho.

Es indudable que un ser humano preso del miedo es más fácilmente manipulable, para que esto ocurra es imprescindible, previamente, minarle la autoestima, de este modo su sentido de impermanencia, de finito, de muerte en esencia, le corroerá las entrañas y ante estas circunstancias como si fuera un animal herido atacará, no reconociendo al otro como un igual sino como "el enemigo".

Ahora bien, si la persona se vive desde una autoestima sana y equilibrada, la percepción de la vida e incluso de la muerte (que al fin y al cabo forma parte de la primera) no se verá atenazada por el miedo, y con ello el individuo percibirá la vida con esperanza, con amor y serenidad. Todo esto dará como resultado poder vivir en armonía y de manera ecuánime con las personas que nos rodean, ahí no se perciben enemigos sino aliados.

Y en realidad, ¿a que viene todo esto?, pues viene a tenor de la gran bacanal del terror de la que todos hemos decidido participar, llevados de la mano de unos "señores" que creen gobernar el mundo y poseen la verdad absoluta sobre todas las cosas. Sí, siento comunicar que todo se acaba, no sólo la vida de los seres vivos, sino también de las estructuras, de los ciclos vitales, de las eras y de los paradigmas por más que se hayan instalado durante siglos en nuestra sociedad e inconscientes colectivos. Se acaban y hay que permitir que se acaben, hay que permitir que mueran para que nazcan otras etapas, otros momentos, otros paradigmas. Sujetarse a lo ya existente, cueste lo cueste, no lleva a ninguna parte tan sólo a tu propia destrucción y cuando se hace de manera colectiva, a la de tus propios semejantes.

Ha llegado el momento de soltar, de no tener miedo, de verse a uno mismo como lo que es, alguien fundamental en este gran entramado que es la Vida. Porque sinceramente, si no tuvieras nada que hacer aquí, si para la vida no fueras importante, sencillamente no hubieras nacido. Con lo cual valorémonos en su justa medida y démonos la importancia que tenemos, que es mucha. No tengamos miedo a vivir, porque la vida es el mejor regalo que se nos ha otorgado y desde ahí propongamos nuevas formas de vivir y de existir.
Reconozcamos la gran oportunidad que se nos está dando y que es tan sencilla como RENACER.

Bienvenido, bienvenida a tu Nueva Vida.