La intensidad de la estupidez

La intensidad de la estupidez no tiene límites ni conoce barreras, son muchos los que imbuidos en su propia estupidez y cegados por la misma, se permiten el lujo de hacer juicios de valor o  realizar observaciones sobre otros, sin darse cuenta, o al menos ignorando desde su más profunda insensatez, que señalando lo que señalan en el otro, se están autoproclamando hacedores de males mayores y necesitan meter el dedo en el ojo del otro, antes de mirarse así mismos.

Sí, a veces mirarse en el espejo y ver más allá del propio reflejo, puede causar mucho daño, sobre todo si has llevado una vida un tanto pardina, y tan solo has encontrado la manera de iluminarla, intentando cegar a otros con tu metedura de dedo, que no pata, en este caso. Aunque al final se mete la pata de igual modo.

Cada uno va quedando como lo que es, o como lo que se le antoja ser, sobre todo si no se molesta lo más mínimo en intentar ser algo mejor, o al menos una versión mejorada de sí mismo.

Hay gente que se pasa la vida figurando ser algo que en realidad no es, pero se confecciona el traje perfecto para simularlo, hasta que claro, un día, la farsa ya no puede continuar y el gran espectáculo, en ocasiones circo de variedades, que se había construido a su imagen y semejanza para su propio disfrute y comodidad personal, salta por los aires y le pega en toda la cara. Y claro, pues le deja señal, cosa que no puede soportar, e intenta disimular apuntando hacia otros lugares para no ser, o evitar al menos, ser el mono de feria al que todos señalan para mofarse y hacer burla.

En fin, en resumidas cuentas, la intensidad de la estupidez es directamente proporcional a la mascarada vivida por el interfecto, en ocasiones interfecta, y por tanto a la enajenación mental continuada que la persona vive/sufre a lo largo de su vida ,dando lugar, dicha enajenación mental, a una perfecta, extensa y extraordinaria estupidez, de la que todo el mundo finalmente se hace participe, y en ocasiones celebra, porque ya sabían ellos que algo raro escondía.

...como diría un buen amigo mío: allá cada uno con sí....

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