Quien algo esconde...iracundo se muestra

Me he permitido en los últimos tiempos, realizar una breve investigación acerca de las actitudes y comportamientos que las personas adoptan ante determinadas circunstancias. Y es curioso observar, como cuando alguien está ocultando algo, con tendencia a mentir o  a hacer caso omiso de la verdad, e incluso no actuar de manera licita y honrada hacia tu persona, su actitud es altamente reactiva con grandes contenidos iracundos.
¿Qué será lo que se esconde tras esa actitud?; quizá como decían las abuelas no tener el buche a gusto, o tener mala conciencia, o como era esta otra frase...ah! sí: quien algo teme algo debe; en fin los dichos populares están ahí para algo.

Dentro del camino del desarrollo personal, se realiza la observación de que proyectamos en otros lo que no nos gusta de nosotros mismos, y además, cuando esta proyección se formula en términos de crítica, se dice, que aquello que se está esgrimiendo habla más de uno de mismo que del otro. Lo mismo ocurre con nuestras reacciones, ¿qué esta ocurriendo, verdaderamente, cuando respondemos de manera reactiva e iracunda ante las observaciones que pueda realizar nuestro interlocutor? ¿qué tememos que se sepa? ¿que tememos que aflore, qué vea la luz ?.

Nuestro cuerpo y nuestras emociones, en ocasiones, se anticipan a nosotros mismos, mostrando aquello que queremos ocultar, y cuando más grande, importante y oscuro es aquello que deseamos que no sea descubierto, mayor es nuestra reacción ante las obervaciones recibidas.

Conversando con amigos y conocidos, hemos observado, que sobre todo en los últimos tiempos, tiempos de crisis, de dolor, de miedo profundo dentro de nuestra sociedad, este tipo de actitudes se producen sobremanera dentro del ámbito laboral; es muy curiosa esta obervación. Al menos a mí me lo parece. ¿Qué estamos haciendo?, ¿de qué, por qué y para qué nos estamos escondiendo?. Considero que estas preguntas deberían hacernos reflexionar.

Como he venido diciendo en reflexiones anteriores, vivimos actualmente tiempos algo inciertos, algo "feos", que sin duda superaremos si somos capaces de vernos los unos a los otros, si somos capaces de obervar y comprender que todos estamos en el mismo barco, y que necesitamos remar hacia la misma dirección de manera cooperativa.
Por este motivo cada vez se hace más necesario que recordemos las palabras de Bertol Brech, y que desde ahí hagamos un ejercicio de darnos cuenta y observar, cada vez que mantengamos una actitud reactiva e iracunda, por qué los estamos haciendo, qué quiere ocultar nuestra máscara en ese preciso instante. Quizá sólo entonces seamos capaces de dejar caer la "careta" que nos acompaña y mostrarnos al otro como somos, seres vulnerables que tienen miedo y necesitan del otro para salvar sus dificultades, aunque no se atrevan a decirlo...

La conciencia de lo finito o el hecho de irse a la mierda

Todo se acaba, hasta la mayor de la montañas con toda su grandeza, a medida que vaya pasando el tiempo irá desapareciendo con él. Es ley de vida, es algo normal, la vida en sí misma es perecedera y con ella todo lo que alberga.

Los ciclos de nuestra vida nos invitan a morir un poco cada día, a encontrar en esa pequeña muerte diaria el impulso para seguir viviendo, para seguir anhelando cosas importantes que vivir. Visibilizar esa parte y entender la vida como un continuo finito que nos conduce hasta la grandeza inmensa del TODO en el final de nuestros días, es la gran misión que el ser humano lleva consigo a lo largo de su vida.

Aprender a aceptar que las cosas se acaban, y con ello se deja paso a cosas nuevas, es el gran reto del ser humano en este siglo.
En los últimos tiempos he podido comprobar, que el hecho de que las cosas se acaben  y las etapas terminen, es una de las situaciones más relajantes y estimulantes que puedan llegar a ocurrirte. Porque de este modo puedes volver a empezar, puedes volver a reinventarte. Hay momentos en la vida que tienes que preguntarte, ¿en realidad, que he querido hacer toda mi vida?, ¿cual ha sido mi sueño?, ¿por qué no lo he hecho?.

Ayer estuve viendo de nuevo "El hijo de la novia", en una de las escenas el protagonista habla de su sueño, de ese sueño que quiere cumplir antes de marcharse y que sencillamente es: "irse a la mierda", así tal cual. Con esta expresión, por otro lado tan argentina, el protagonista  lo que necesitaba expresar era que estaba cansado de preocuparse y reocuparse  de todo y todos los que estaban en su vida sin dedicarse tiempo a él mismo, sin apreciar lo verdaderamente importante, sin darse cuenta de las pequeñas cosas que en realidad le harían feliz.  Con lo cual, sí, de vez en cuando todos debiéramos ocuparnos de irnos a la mierda, de dar a las cosas la importancia que tienen, de terminar con etapas ya caducas desde hace tiempo y permitirnos empezar de cero para ver que pasa.

Así pues, si en los próximos días alguien, intentando ser despectivo con nosotros, nos manda a la mierda, agradeceremos el gesto. Porque en nuestro fuero interno sabremos que tomar ese camino nos conducirá hacia el sendero de saber quienes somos y para que carajo estamos en esta vida.

Buen encuentro contigo mismo.